Debe andar un hombre, antes de que puedas llamarlo hombre, nos preguntaba Bob Dylan en su clásico Blowing in the wind. A pesar de que mi memoria tiende a abandonarme más de lo que me gustaría, aun recuerdo la primera vez que la escuché. La canción pertenecía a un álbum de la colección de mi padre llamada “Grandes canta-autores de la historia”.

Era demasiado joven e inconsciente como para prestar atención a lo que decía, pero conseguía transmitirme una cierta calma, e instar a la reflexión.

Veintiún años después de aquella primera escucha, y habiendo comprendido toda la carga emocional que empapaba cada estrofa, cada acorde, vuelvo a reproducirla en un momento en el cual me hago preguntas parecidas a las que enuncia la canción.

Suele ocurrir. Todo va relativamente bien. Has conseguido una estabilidad casi idílica en todos los aspectos vitales y de repente, personas & situaciones que creías inamovibles cual roca maciza, se desvanecen ante tu impotente mirada como vapor de agua.

Hay veces que parece juntarse todos los males a la vez, por aquello de que las desgracias nunca vienen solas… y nos precipitamos hacia un futuro incierto. Puede que nos haga remover nuestros miedos más profundos. Que se re-abran viejas heridas. Que se nos inunde la cabeza con todos esos “pudo ser & debió ser” … pero de poco o nada sirve.

Quizá aquella amistad que defendíamos con vehemencia no era tan sincera, ni tan idílica o recíproca.
Quizá aquella pareja nunca quiso compartir su vida con nosotros, sino imponérnosla, anulándonos como ser unitario.
Quizá aquel trabajo nos tenía cada vez más alienados, reduciendo nuestro día a día a un horario de esclavo y un simbólico sueldo.
Por poner unos ejemplos.

La pregunta después de asumir la situación viene de manera instantánea:
¿Ahora qué?

Mi respuesta es sencilla. Si estamos en paz con nuestro comportamiento para con la situación, no hay problema, se intenta hacer balance de daños, y continuar adelante. Si no es así, en la medida de lo posible hay que poner remedio. A pesar de que suene a frase de galleta de la suerte, nunca es tarde para pedir perdón. Si se os presenta la oportunidad, no dudéis en hacerlo.

Y sobre todo, podemos aprovechar para reflexionar sobre nuestra propia vida. Si realmente estamos encaminados hacia nuestros objetivos, de si estos siguen siendo los mismos, o han cambiado/se han ampliado. De si estamos haciendo con ella algo que sea loable, que rezume bondad, para nosotros y para los demás.
¡Buena semana!

La mejor ayuda proviene de uno mismo
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