Es que nada es seguro. Pero dejando ese pensamiento en apariencia contradictorio de lado, había decidido pasar esa tarde, esas horas de mi vida, con Vanessa. Una peculiar persona que ha estado a mi lado (a veces más a menudo que otras, pero siempre en los momentos clave) desde hace ya unos cuantos inviernos y veranos (en Pamplona no hay primavera ni otoño).

“Quiero hacerme otro tatuaje” me dijo con ese acento portugués que tanto me gusta (y que espero nunca pierda). Cuando algo se le mete a esta mujer entre ceja y ceja, no para hasta conseguirlo. Esto por su puesto no iba a ser una excepción. Pocos días pasaron hasta que al final me dijese fecha y hora para el acontecimiento. Al primero no pude acudir, es más, ni siquiera supe de su intención de hacerlo, ni de su existencia hasta tiempo después de que formase parte de su piel, de su “ser físico”.

Pero no iba a ocurrir de nuevo.

Para la cita tenía una acompañante de lujo y amiga mutua, Letizia. Necesitaría cientos de hojas para explicaros cómo es ella, y solo podríais haceros una pequeña idea, así que intentaré resumirlo diciendo que es “mi muy mejor amiga”. 

Tampoco podía faltar a la cita Mabel, una mujer tremendamente encantadora a la cual ya había tenido la suerte de conocer y de compartir anécdotas gracias a Vanessa.

La ruta ya estaba puesta en el GPS y aquello (salvo catástrofe) era inevitable. Nos pusimos todos rumbo a Tafalla, lugar de residencia del artífice del anterior tatuaje, de nombre casi profético: Elías. Había cierta emoción, en parte por el tatuaje, y en también por conocer al susodicho, y a su pareja Sara, la cual era el nexo de unión con Vanessa y de esta a su vez, con Elías.

¿Un poco “elioso” todo no? jajaj… eh! ¿A dónde vais? ¡No, otra vez no! ¡Puedo cambiar!

Esto… bueno, ejem ejem. Como os decía, todos estábamos ansiosos de presenciar como sufría disfrutaba Vanessa durante el proceso de su nueva adquisición.

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Aquí aun no dolía…

Mientras ella se preparaba psicológicamente, el resto aprovechamos para charlar y conocernos (me encanta conocer gente nueva, es todo fresco, todo nuevo, y aprendes mucho si sabes escuchar). Conocimos al pequeño de la familia, Fer. Por el nombre, pudierais pensar que se trata de un hermano, quizá sobrino… pero nada más lejos de la realidad. Se trata del perrillo de Elías. Un animalillo de peculiar pelaje, y cuyo rito de bienvenida al domicilio (solo para los elegidos) es un mordisco. ¿Adivináis quien fue la merecedora de tan suculento galardón? Efectivamente.

Vanessa tuvo un primer contacto con el dolor, patrocinado por Fer. No fue grave, y por suerte tenía todas las vacunas en regla (me refiero a Vanessa por su puesto, pobre Fernando).

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Aquí lo tenéis posando para un “selfie” con Sara, extrañamente feliz, a pesar del incidente.

 

El caso es que continuamos de charla mientras Elias se ponía “alío” ¿lo pilláis? ¡eh, este era bueno! ¡Esperad! Maldita sea…

El sonido de la máquina en funcionamiento me hacía encoger un poco el cuello, pensando en la cantidad de dolor soportado por mi amiga, la cual se hallaba postrada bajo la atenta mirada de todos nosotros, eso si, tribuna de honor reservada para Mabel por su puesto.

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Elías El Santo Pintor de la anatomía humana

Cuando nos quisimos dar cuenta, la sesión había terminado, llevándonos otro recuerdo más a la memoria, Vanessa también a la piel. Y como toda operación realizada con éxito, nos dispusimos a celebrarlo yendo al local más cercano recomendado por los autóctonos a tomar un par de cervezas bien fresquitas, resolviendo el mundo, compartiendo gustos y aversiones, hasta llegar la hora de partir.

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El resultado habla por sí mismo

Queda pendiente la visita en fiestas (no he estado nunca) y puede que también alguna sesión de tatuaje más… pero esta vez sobre otra piel…

¡Gracias Elías & Sara por vuestra hospitalidad! ¡Espero coincidir en futuras ocasiones!

P.D. Si queréis saber más acerca del trabajo de este artista del dibujo, o contactar con él para poneros en sus manos (literalmente), os facilito su Instagram:

@Eliasrosino

¡Seguidle! (no literalmente, podría acabar en denuncia). Y si decís que vais de mi parte, o de parte de Vanessa… probablemente dirá que somos muy majos, pero os cobrará igual.

¡El arte & tiempo se pagan! 

Hasta la próxima publicación inocentes criaturas 🙂

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2 Replies to “Si algo es seguro…”

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