Juventud divino tesoro…

¡Ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro… y a veces lloro sin querer

Ruben Darío

No. No es tan dramático para mí. En absoluto. Es más, lo disfruto. Pero no quería perder la oportunidad de hacer alusión a este precioso poema.

Dicen que hay dos maneras de ver el hecho de cumplir años. Una es pensar “vaya, un año más viejo, más cerca del hoyo, de arrugar la uña, de estirar la pata, de… bueno, creo que ya se ha entendido.

La otra es pensar “¡he conseguido sobrevivir otro año más!”

Yo soy más de esta segunda.

Y es que algo que damos por hecho de manera casi indiscutible, no lo es tanto. A lo largo de este año, he leído, escuchado, o incluso he visto a pocos metros, gente que desafortunadamente ya no comparte esta existencia, esta vida (a veces esquiva e incomprensible) con nosotros. Da igual lo mucho que te cuides, el dinero/fama que tengas, o los cientos de maravillosos planes en mente/ ya organizados. Sin avisar, sin culpa, sin un “pero” que valga, pasamos a lo que en términos cinematográficos se conoce como “fundido a negro”.

Pero como he dicho al principio, no hay que ponerse dramático. En lugar de vivir con pánico, podemos usar ese mismo hecho tan a primera vista macabro anteriormente citado, para quitarle peso. Quitárselo a esa mala decisión pasada. A ese trabajo que parecía tan vital e importante y que en realidad sabías que no te hacía precisamente feliz. A esa relación que te da miedo terminar por no quedarte “solo”. A esa conversación que te gustaría tener, a esa pregunta que te gustaría realizar pero que te da miedo el “que van a responder”, o “que vayan a pensar”. A hacer ese viaje que parece tan loco/peligroso. A apuntarte a esas clases que te tienen interesado, a tantas cosas… la lista es interminable, y todos tenemos la nuestra.

Con los hombros y la cabeza más relajados, podemos decidir desde la calma, qué es lo que deseamos y lo que no en nuestra vida. Sin temer a nada. Ni siquiera al error, porque es el mejor profesor que pudiéramos desear. Ni al sufrimiento porque es el mejor entrenamiento para fortalecer el alma y el corazón, usándolo nuevamente como herramienta no para dejar de querer, sino para hacerlo más y mejor.

Al fin y al cabo ¿qué es la vida sin compartir? Yo sinceramente, no concibo otra manera de ser.

Ah! antes de que se me olvide! Un mensaje importante a todos los que seguís a bordo, y a pesar de que suene a topicazo enorme, no descuidéis a vuestro niño interior. No dejéis de sonrojar las mejillas, ni de sacar la lengua, ni de hacer muecas. No dejéis de ser inocentes, seguir dibujando con la mente figuras en las nubes… seguid diciendo mamá y papá a vuestros progenitores… Y dad abrazos y besos por doquier y sin vergüenza alguna a todo al que queráis, que creáis que lo necesite.

El amor no se acababa.

Jamás.

Termino este texto con una frase de una de mis canciones favoritas de Sabina, el cual por ende, es uno de mis cantantes (en este caso, canta-autor) favoritos:

“Cada noche me invento
todavía me emborracho
Tan joven y tan viejo
Like a Rolling Stone”

Tan joven y tan viejo – Sabina

¡Feliz comienzo de semana a todos!

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