Hay un tiempo para…

Relajarse. Para desconectar. Para estar rodeado de amigos (aunque estos aún no sepan que van a serlo). Para miradas furtivas y también para sonrisas cómplices. Hay un tiempo para socializar, intercambiar experiencias. Hay un tiempo para beber saboreando el líquido elemento. De comer paladeando el sabor de cada mordisco, de cada cucharada.

Esos momentos, en ocasiones tan ínfimos, se deben atesorar con ternura, con cariño. Como si de un recuerdo infantil se tratase. En la mayoría de los casos se dan en familia, en nuestras casas, o en entornos similares.

Aunque hay excepciones.

Os quiero hablar de una de ellas. De un pequeño rincón en Burlada cuya cartel en la entrada reza algo tal que así:

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Nada más verlo, ya entras al local con “la sonrisa puesta”

Más claro imposible. A buen entendedor pocas palabras, suele decirse. Y es que con esta premisa inicial, ya podemos hacernos a la idea de lo que podemos encontrar al cruzar la puerta de El Bar Mar (Burlada-Pamplona).

Liliana y Claudia son las artífices de que cada día todos se sientan como en casa. Tanto sus clientes nuevos, como los habituales que, como no podía ser de otra forma, ya se conocen entre ellos (uno me comentaba que es como si fueran a trabajar, todos fichan a su hora y nadie falta a la cita).

“Es circunstancial… pero el hecho de que así sea, no influye en que lo hagamos con cariño e interés”

Era la clara y concisa respuesta de Claudia a mi pregunta de si el hecho de que encontrarlas en este local, en este oficio, era vocación, o circunstancia. Nuevamente más claro, agua.

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Hasta abrir una botella se convierte en una pequeña diversión

Liliana compartía la opinión, y encima por partida doble, ya que ella además de tener el mismo buen hacer de su hermana en la barra, demuestra cada día su destreza en la cocina, realizando pinchos de lo más variopintos, usando salsas y aderezos caseros, procurando que estén lo más tiernos/frescos, posible, y con su particular manera de tostar el pan, usando una pequeña plancha con la que lo deja crujiente por fuera y tierno por dentro (la ecuación perfecta).

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Su mirada y su sonrisa corroboran que lo del cartel de la cocina no es broma…

A medida que se iba llenando el local, el ambiente se iba tornando más y más cálido por momentos, nadie era un “desconocido” pudiendo participar todos, de todas las conversaciones, o simplemente disfrutar de estar allí.

La música, como ya sabéis, para mi es vital, y tuve la suerte de que durante toda mi estancia disfruté de los grandes éxitos de uno de mis cantantes fetiche, el gran Joaquin Sabina. Era la guinda perfecta a toda la hospitalidad y excelente degustación que habían preparado para mi (sin yo saberlo) las dos.

La charla/sesión de fotos había empezado pronto, pero como siempre que uno esta a gusto/pasándolo bien, las horas pasaron como si de minutos se tratasen, sin por ello dejar de ser testigo y partícipe de esta maravillosa experiencia. 

Al fina la despedida era inevitable, puesto que las obligaciones laborales apremiaban, eso si, con la promesa de volver “de cuando en vez”. Si tenéis un ratito a lo largo de la semana, vais de buen rollo, y os apetece conocer a estas dos encantadoras colombianas y su exquisito trato & cocina, ya sabéis por donde pasar.

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¡Os esperan!

¡Saludos y buen fin de semana!

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