Me entretuve
Buscándome la vida deambulé
Anduve, de nube en nube
Estuve de hotel en hotel
El amor de la pluma obtuve
por haberle sido fiel…

El regreso – Nach (Poesía Difusa)

Me vino a la cabeza ese extracto de canción, que comparto con todos vosotros mis queridos lectores (los que quedan, no os culpo ha sido una desaparición en toda regla) queriendo de esa manera, retomar mi particular andadura por terreno digital.

El caso es que en todo este tiempo han sucedido muchas cosas. Cientos de ellas. Varias ya se han perdido, sepultadas entre la rutina del día a día, y por las grietas de mi poco eficiente memoria a largo plazo… Otras han dejado en mi ciertas “marcas” o “daños colaterales” que a día de hoy se encargan de que no las pueda olvidar. Supongo que a todos nos pasa lo mismo. ¿Alguien acaso puede decir que luce igual de impoluto que como cuando vino a este mundo? Salvo milagro de la creación, la respuesta sería un rotundo no.

Cicatrices a parte, lo que esta claro es que la mecha se sigue quemando, que el reloj no se detiene, que los días siguen sucediéndose sin piedad ni contemplaciones… y me recuerdan lo que a veces cuesta asumir: Nada es para siempre

En el fondo supongo que así debe ser, tanto lo que valoramos positivo, como negativo, tienen existencia finita en este espacio-tiempo que todos compartimos. Siendo consciente de ello, es una razón de peso a tener en cuenta día a día, para que prescindamos totalmente de malgastar el tiempo en vano.

Es de vital importancia elegir cuidadosamente su uso. En qué empleamos las horas del día (y de la noche). De que merece la pena preocuparse. A quién es valioso tener a nuestro lado. En qué emplear nuestra energía física, emocional, intelectual… En definitiva, que consigamos que la vida nos cunda. Que no repitamos la historia del pobre Iván Ilich, y acabemos consternados, languideciendo en una cama apunto de exhalar nuestro último suspiro preguntando de manera angustiosa:

¿Y si toda mi vida, mi vida consciente, ha sido de hecho lo que no debía ser?

La muerte de Iván Ilich – León Tolstoi

El problema no es cometer errores, el conflicto real sería no vivir plenamente por miedo a ellos. Tenemos la libertad (y la responsabilidad) de escoger repetir las mismas lecciones, o pasar a un capítulo nuevo. La vida por su parte, como finita que es, nos incita a actuar, a mover ficha en el tablero, antes de que se acabe nuestro tiempo de juego. Y en cierta manera es duro…pero a la vez hermoso. Si el susodicho fuese ilimitado, a pesar de sonar atractivo, a la larga, perdería la gracia, todo se volvería insustancial. Como dijo en su momento aquel famoso cineasta:

“La eternidad es muy aburrida, sobre todo hacia el final…”

Woody Allen

Así que desde este lado de la pantalla, os deseo a todos que cada segundo no pase de manera infame, sino que lo paladeéis con gusto. Que cada momento que transcurra, sea solo o acompañado, trabajando o de vacaciones, haciendo deporte o tumbado en un sofá, os llene. Y que, quizás, una pequeña parte de esos instantes, sean conmigo compartiendo estos pensamientos en voz alta.

Un cariñoso saludo

Hablando de vivir al límite, os comparto mi expresión de horror al ser casi arrollado (¡no os riáis! pasó más cerca de lo que parece, pero mis reflejos felinos me salvaron) por una bici-taxi en la pintoresca Cuba.
Dato curioso: El taxista ni se inmuto.

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