“Somos del mismo padre y de la misma madre”

Anónimo

De todas las proclamas que he podido escuchar durante la manifestación realizada en la ciudad en la que resido, estas es la que más ha resonado en mi cabeza durante toda la mañana.

Puede que sea porque se realizase en un momento álgido de la misma. Puede que haya sido porque de alguna manera me hizo recordar todas las veces en las que yo mismo he sido víctima de esto.

Por supuesto, hablo de racismo. Parece algo superado. Una cosa del pasado. Pero todo lo que esta sucediendo, todo este movimiento cuyo epicentro radica actualmente en Estados Unidos, con un involuntario mártir, solo pone de manifiesto lo que todos sabemos.

Lo que hemos vivido todos “los extranjeros”.

Y es que a día de hoy, hay personas que siguen creyendo que somos “ciudadanos de segunda”. Que nos siguen mirando “por encima del hombro”. Y que por mucho que nos esforcemos, por muchas raíces que establezcamos, nunca seremos uno más.

Aun recuerdo las primeras veces que me paraban en “controles aleatorios” o cuando de maneras poco amables me exigían mi documentación, o sin mediar explicación me hacían ponerme contra la pared para cachearme, entre otras tantas anécdotas.

Inocente de mí por aquel entonces, nunca me enfadaba. Al contrario, pensaba:

“Están haciendo su trabajo, es normal. Además no tengo nada que temer, no he hecho nada malo”

Pero comenzó a ser evidente ese “trato preferencial” hacia mi persona cuando me ocurría con amistades autóctonas.

A ellos les parecía indignante, les ofendía cómo me trataban y que toda esa hostilidad fuese siempre hacia mí. Entonces es cuando empiezas a notarlo. Entonces es cuando sientes rabia, frustración e impotencia.

También me ha pasado en trabajos. Las entrevistas por teléfono excelentes. Incluso la documentación del c.v. les parecía idónea… pero ¡oh, sorpresa! era latino. O me descartaban, o me destinaban a trabajos que no estuviesen de “cara al público”.

Todo esto me sucedió hace casi veinte años… pero lo recuerdo como si fuese ayer. Por suerte nunca tuve que lamentar mayor calamidad que sentir vergüenza mezclada con rabia un par de días, y refugiarme en el resto de gente que sí me ha hecho sentirme ser humano, y ciudadano normal y corriente. Que me dicen sin dudarlo que ya soy pamplonica*

No quiero ni imaginarme como se deben sentir los colectivos más castigados inclusive, o que han tenido la desgracia de perder a familiares, amigos, o conocidos, simplemente por tener unos rasgos y un color diferentes.

Espero que la gente tome consciencia de la misma frase con la que he comenzado este texto. Y que dejemos de enfocarnos en lo que nos separa, y abracemos lo que nos une. Somos capaces de lo peor… pero también de lo mejor.

¿Lo conseguiremos?

Para finalizar de manera positiva, os dejo con una pieza magistralmente interpretada por mi querido hermano. Pertenece a la película: El viaje de Chihiro.

Espero que os sirva de banda sonora para la reflexión, y acompañar este fin de semana.

P.D. Aunque suene manido, si os gusta ¡dadle al like y suscribíos! 🙂

Un cariñoso saludo

Un pequeño caramelo para endulzar la tarde…

*Se utiliza de manera cariñosa para designar a alguien de la ciudad en la que vivo. El gentilicio oficial es pamplonés/pamplonesa

2 Replies to “El color no existe”

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