Pues el caso es que aparte de ser el título de una canción de Talking Heads, también es el nombre de un nivel de Crash Bandicoot. Para los neófitos en el mundo de los videojuegos, se trata de un personaje creado por la gloriosa Naughty Dog (empresa que luego nos regalaría otras joyas como Jak & Daxter, Uncharted, o el reciente The last of Us, que considero una obra maestra). Como os decía, el famoso Crash estuvo a un paso de convertirse en la mascota oficial de SONY y su consola Playstation (no, este post no ha sido patrocinado ni promociona por ellos, solo estoy tirando de nostalgia, aunque si alguien de SONY esta leyendo esto, si les sobra una PS5, les puedo enviar mi dirección…)

Volviendo al juego, era un nivel difícil, condenadamente difícil. Para empezar estamos en un puente (o lo que queda de él), que debemos cruzar, sin apenas ver lo que tenemos delante. La tarea de por sí ya parece comprometida… pero eso no es todo. Además tenemos que evitar deslizarnos dramáticamente por las zonas con placas de hielo, evitar la explosión de cajas de dinamita, esquivar enemigos… y calcular al milímetro cada salto para no caer al abismo.

Por algún lado hay que empezar…

Pues este año parece una representación real de este nivel de aquel juego. Prácticamente desde su comienzo. Nos han ido atosigando con cientos de noticias, a cada cual más catastrófica que la anterior. Los contagios del dichoso virus, que al principio solo se percibían como números en una estadística, poco a poco se han ido tornando en rostros, personas cercanas, amigos, quizás algún familiar… y hemos visto con el círculo cada vez se iba reduciendo, acercándose a nosotros.

La incertidumbre de caer enfermo, de contagiar, incluso de volver a enfermar los que ya lo han pasado y han sobrevivido, siguen ahí. Las restricciones bailan sin ton ni son, siendo algunas de ellas verdaderamente incoherentes, o ridículas. No faltan tampoco los/as iluminados/as que creen tener la solución o la teoría definitiva de lo que realmente deberíamos hacer, o de la verdadera razón de nuestra situación actual.

El tema es que da la sensación de que estamos dando “patadas de ahogado”. Que damos un paso hacia adelante, pero dos hacia atrás (las olas de contagios nos dejan en evidencia). Fruto del aislamiento y del miedo, la soledad aprieta y más aún en estas fiestas. Incluso la gente que se definía como “antisocial” confiesa extrañar algo más de contacto humano, de interacción con el resto de la gente.

Y para colmo, claro, la economía. La de (casi) todos en este caso. Hemos visto mermados nuestros ingresos hasta verlos reducidos a algo poco más que simbólico e inexistente. En mi caso, al pertenecer al sector artístico/cultural, se podría decir que tenía el “lomo curtido” en ese aspecto (siempre somos los menos valorados, los que menos atención recibimos por parte de las administraciones públicas y privadas… entre otras lindeces) pero si en otros gremios ha sido un verdadero varapalo, en el nuestro ha resultado en herida de muerte para muchos. Lo que nos queda (a algunos y dando gracias) es el teletrabajo, cuya realización en exceso nos deja cuadrada la cabeza, agotadas las neuronas y los ojos con ganas de escapar de sus órbitas (por suerte sigo prescindiendo de gafas, pero a este paso… madre mía).

Pudiera parecer que todo es malo, que mejor no salir de nuestra habitación… ni siquiera de nuestra cama. Pero (llamadme loco) no todo esta perdido.

Sí, es cierto que toda esta crisis global ha puesto de manifiesto que muchos aspectos de nuestro modelo de vida eran insostenibles, incluso carentes de sentido. Que la mezquindad y maldad que una buena parte de la población vivía “de tapadillo” ahora reluce más que nunca. Y viene de cualquier parte. El vecino (autoproclamado juez y verdugo) del portal de enfrente, un policía con aires de grandeza, el político de turno con promesas que nacen rotas…

Pero también ha tomado fuerza la bondad. El uso de la empatía. El hacer el bien por el bien. El creer que esta todo hecho… pero también ¡todo por hacer!

Es cierto que las cosas siempre pueden ir a peor… Y no os negaré que me resulta particularmente difícil ser pro-activo y optimista en estos tiempos… pero “por el mismo precio” como diría aquel… al menos hay que intentarlo.

Mucho ánimo y la mejor de las energías a todos los que tengáis el valor de seguir creyendo en la humanidad en estos tiempos pandémicos.

P.D
La foto usada en esta publicación ha sido realizada por una de mis alumnas del taller de iniciación a la fotografía que tuve el placer de realizar este año. Si os gusta la street photography, y los paisajes naturales, no dudéis en seguirla en Instagram , sus trabajos os encantarán: @nenufar_9

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