Incluso con mascarilla (Museo Arqueológico de Estambul – Sarcófago de las mujeres llorando)

Es el número aproximado de veces que late el corazón humano, por día (de media). Quién lo diría… ¿eh? parecen demasiadas para ser ciertas. Y eso es solo una de las cifras salvajes que maneja nuestro cuerpo (si indagáis un poco por las redes, podéis deleitaros con cientos de listas, a cada cual más insólita que la anterior).

Me he quedado particularmente con este dato porque, a pesar de que el correcto funcionamiento de todos los órganos es esencial, el corazón se lleva la mayor “distinción“. Y no es para menos. Al margen de sus valiosísimas funciones, le hemos atribuido una más, una muy curiosa… la de ir ligado a los sentimientos y emociones humanas. Frases del estilo:

“Tiene un corazón que no le cabe en el pecho”
“Haz caso a tu corazón”

Y otras no tan amables como:

” Tiene un corazón de piedra”
“”Me rompió el corazón””


Dejan claro este enlace en nuestra sociedad. Incluso a pesar de haber entrado de lleno en los últimos años a una era racional al extremo (con algunas excepciones, como por ejemplo los terraplanistas, ejem ejem), donde la lógica y los procesos cerebrales son los que imperan, sigue en nuestra mente (consciente e inconsciente) esta unión. Y siendo aún más concisos, podemos destacar por encima del resto de sentimientos, su asociación con el amor. Su fuerza y energía innatas son parejas a las que posee nuestro órgano vital. Quizás por eso los relacionemos de manera tan estrecha.

Dicho esto, parece infame reducir todo a un cúmulo de procesos químicos producidos en nuestro cerebro… más aún cuando todos compartimos alguna anécdota en la que hemos podido sentir físicamente el dolor en nuestros corazones. Ante el amor no correspondido, al separarnos de alguien a quien estábamos muy unidos… Y de igual manera la emoción palpitante (nunca mejor dicho en este caso) al ver o compartir momentos, con la “persona querida o amada” (sea esta un amigo, un familiar, o una pareja).

La parte sorprendente es que por lo visto no es sugestión, ni algo intangible. Resulta que nuestro músculo por excelencia esta claramente afectado por nuestro estado anímico. Y es capaz de aumentar su cadencia, y bombear con fuerza acentuada cuando estamos enamorados. Cada uno de esos latidos al inicio mencionados, hace que nos sonrojemos, nos brille la mirada, que nosaceleremos y expandamos” ante aquello que queremos. Y de igual manera, cuando sentimos la “pérdida” o “ausencia” de ese sentimiento,  experimentamos un tipo de tristeza particular, sentimos opresión en el pecho, el clásico nudo en la garganta, y parece que hasta cuesta esfuerzo respirar. Todo ello debido a que el propio corazón se contrae haciendo que el resto del cuerpo lo siga, en un gesto totalmente opuesto al realizado cuando queremos o amamos (si, yo hago distinción entre ambos, aunque haya gente que los use de manera igualitaria, pero eso es tema de otro post).

¿Por qué os hablo de todo esto? Existen principalmente dos razones:

  • Primera Razón:
    He descubierto un libro, llamado “El amor, el sexo y la salud del corazón” de Alexander Lowen, el cual esta lleno de “pepitas de oro” y recomiendo encarecidamente su lectura.
  • Segunda Razón:
    A raíz de la primera, un par de situaciones personales, y otras vividas de manera colateral con amigos y familiares, se ha acentuado todavía más si cabe para mí, la importancia de este tema, y su divulgación.

Estamos en una etapa incierta para la humanidad. Es fácil terminar rendido ante la apabullante cantidad de noticias negativas que recibimos a todas horas, a diario. Nos han privado de momentos y experiencias que habían enriquecido nuestras vidas durante mucho tiempo. Incluso en algunos casos hemos tenido que “despedirnos de mala manera” de familiares, amigos, conocidos… arrebatados por una enfermedad que ha puesto patas arriba el mundo (puede que ya lo estuviese antes de su llegada).

Si a ello le sumamos el resto de las vicisitudes cotidianas, puede suponer un verdadero desafío levantarse y mantener el buen ánimo cada mañana. Pero me veo en la obligación de recordaros algo. De volver al comienzo de este texto. A pesar de todo, vuestro corazón sigue luchando por manteneros vivos. Por irrigar la valiosa sangre llena de nutrientes al resto de órganos para su correcto desempeño. Cien mil veces al día. Y lo volverá a hacer a la mañana siguiente, y así sucesivamente. Sin reservas. Sin condiciones.

Sé que va a sonar a mensaje temerario e inconsciente en el contexto en el que nos hallamos actualmente… pero evitemos las corazas, superemos el miedo. No dejemos de querer solo porque no nos podamos tocar o no podamos vernos en persona. No dejemos de querer solo por el miedo a sufrir. Hay muchas formas de expresar cariño cada día a nuestro al rededor y nos las perdemos. La tecnología puede ser una poderosa aliada, para estar cerca de los que tanto queremos sin correr riesgos. Y sobre todo, dediquemos este tiempo tan extraño a la reflexión. Al trabajo en nosotros mismos. Puede que sea el más valioso de nuestros proyectos. Uno que quizás hemos dejado “para después” demasiado tiempo.

Espero que terminéis el mes de la mejor manera posible. Quiero aprovechar estos últimos párrafos, para agradecer a todos los que dejáis vuestros quehaceres diarios de lado un momento, y me dedicáis estos instantes. Gracias por leerme (hoy en día parece que es algo vintage) .

Y digo leerme y no leer porque de alguna manera os hago partícipes de mis pensamientos e inquietudes, formáis parte de mi y a su vez, yo de vosotros. Lo cual es un poco mágico si me permitís.

Quiero agradecer de corazón a las personas que con una confianza maravillosa se aventuran a felicitarme personalmente por el blog y por mis textos, los comparten, y me animan a seguir escribiendo. Gracias por vuestro cariño. También a lectores de lugares aleatorios que no conozco (y que probablemente es difícil llegue a conocer) los cuales me mandan sus misivas para comentarme que un determinado post les acompañó en un momento complicado, les ayudó a tomar una decisión, les recordó algo positivo de sí mismos o de su vida, o incluso les animó una tarde sombría. No hay mayor satisfacción para un bloguero que recibir ese tipo de comentarios. Gracias por compartir vuestras experiencias. Incluso los que me leéis de manera más voyerista (perdón por la metáfora) y no comentáis nada, pero seguís con interés cada publicación, gracias por vuestro valioso tiempo.

Sin más novedad, me despido de momento hasta que una nueva inquietud, me traiga por estas tierras.

¡Feliz Martes!

Una única vez
Mensual
Anual

¿Te ha gustado? Ahora puedes demostrarlo 🙂

Me permitirá escribir más a menudo… ¡Gracias! 😀

Increíble que hayas llegado hasta aquí. Estaré a la altura de tu compromiso. ¡MUCHAS GRACIAS! 😮

Elige una cantidad

€5,00
€10,00
€15,00
€20,00
€40,00
€60,00
€100,00
€150,00
€200,00

O introduce un monto personalizado


¡Gracias por tu valiosa contribución!

¡Gracias por tu valiosa contribución y compromiso!

No tengo palabras.. salvo ¡Gracias infinitas!

Quiero colaborarQuiero colaborarQuiero colaborar
Y hablando de amor, no podía faltar esta pieza del gran Joe Tex. Elegancia musical en vuestros oídos. ¡De nada!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A <span>%d</span> blogueros les gusta esto: